![]()

Alberto es uno de los fichajes estelares de esta temporada de Granjero busca Esposa. A medio camino entre Paquirrín y Pulpillo de Gran Hermano (qué parecido razonable tan estupendo nos ha encontrado una compañera), piropea a las chicas cual paleta hambriento. Sólo le falta el andamio, cosa que no le iría mal para acercarse a alguna de sus candidatas, que le sacan cabeza y media.
Con Alberto empezamos con un reproche. ¿Cómo ha podido dejar escapar a esa chiquilla que decía “destrozosa” por desastrosa, “vigitariana” o “sólo me fijo en los cabroncetes”? Alberto, nos has dejado sin el placer de ver cómo esta criatura se iba haciendo más y más líos con el vocabulario, diciendo una cosa por otra y quedando cada vez peor. ¡Cómo nos haces esto!
Aún así, el granjero cántabro se ha descubierto como todo un filósofo-poeta. Grandes citas como “en la cama no hay altura”, “desde cuando los bombones andan” o “el armario de mi casa está muy cerrao” (ante pregunta-broma de si le gustaban los hombres) han quedado ya en las grandes frases de este programa. Cada vez estoy más convencida que el casting de este programa lo hacen en alguna biblioteca.
Alberto ha elegido a sus chicas pensando con un órgano que queda algo más al sur que la cabeza, con una media sonrisa que ni Pajares y Esteso. Su gran tesis es que si el exterior es bueno, ¡¿cómo será el interior?!
No nos parece mal la estrategia de Alberto, si tienes claro que no vas a encontrar el amor de tu vida en la tele, elige chicas para darte una alegría cuanto menos. Éste sí que lo tiene claro. Lo ha tenido claro desde que ha visto que una de las chicas le enviaba una foto en bikini –a lo Titanic, dice Alberto-. Y apostamos a que la susodicha también lo tenía muy claro. Los fines justifican los medios, ¿no?
Fotografía | www.cuatro.com
Más cotilleos sobre Granjero Busca Esposa:
Comentario anterior