
Pablo Motos lo presentan como el artista español más internacional. Yo diría que eso es discutible, no lo de que es internacional, sino que sea “el más”, pero bueno dejémoslo así. Alejandro Sanz llega a El Hormiguero. Es divertido verlo entrar, porque es el primer invitado que mide exactamente lo mismo que Pablo Motos.
Presenta su nuevo disco y el single looking for paradise. Su paraíso es ver la reacción de la gente al sacar el disco, eso ha dicho, y por eso va a dar ocho conciertos en Madrid (conciertos para los que las entradas ya están vendidas, y no os digo a qué precio, porque os desmayáis, podéis investigar).
Cotillean y así nos enteramos de que se va de pesca con David Bisbal por Miami, y, como curiosidad, dice que David está loco y que “le da besos a los pescaos cuando los coge”. Hay que ver las cosas de las que se entera uno. Charlan un poquito más y salen Trancas y Barrancas. Alejandro está bastante tranquilo y es muy pero que muy simpático.
Empiezan a comentarla visita de Shakira del otro día, porque se la esperaban embadurnada de aceite, y no fue embadurnada de aceite. Y deciden hacer una versión del vídeoclip, son unas 10 hormigas y barrancas vestida de Alicia Keys.
Luego tienen un momentazo con Alejandro al piano, por lo visto es un juego que hacía con Miguel Bosé, y consiste que que uno dice una persona o cosa, y el otro la interpreta al piano. Y lo escuchamos tocar cómo suenan sus hijos, Obama, Hugo Chávez… Pablo lo intenta, y algunas notillas le salen, pero el artista es el artista, las cosas como son.
Tiran huevos con Flipi, y es un fracaso absoluto, para variar, pintan un rato con pólvora, le meten fuego y salen muchas chisas y humo (es lo que tiene la pólvora). Pero buen, en resumen, Alejandro ha estado genial. Me encanta ver a estrellas y que sean tan llanas y tan cercanas. Ole por Alejandro. Encontraremos el paraiso.
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