
Creo que ya lo he dicho alguna vez, pero lo repito: me encanta el Príncipe Harry. ¿Qué sería de nosotros los cotillas si no estuviese él para darle emoción a la aburridísima vida de la corona británica?
Definitivamente lo que más me gusta de él es esa aficioncilla que tiene de disfrazarse de cosas que sacan de quicio a su real abuelita, como la vez que se vistió de nazi para una fiesta de disfraces, y si la última “trastada” con la que nos sorprendió fue la de aparecer con las uñas pintadas de rosa a juego con los calzoncillos que llevaba, ahora ha dado un paso más hacia el travestismo y le ha dado por ponerse una larga peluca morena.
Pero al menos esta vez el propósito ha sido un poco más noble (aunque quizá por ser noble él, debieran considerarse nobles todas sus travsuras… ay, que ya no sé ni lo que digo…). Pues eso, que esta vez el travestismo tenía un fin más elevado, porque en el amor y en la guerra todo vale.
Y lo que él quería era tener la oportunidad de acercarse a su ex, Chelsy Davy, que parece seguir siendo, tras dos meses de la ruptura, la única y verdadera dueña de su corazón. Quería poder pasar un ratito con ella y con otro amigo sin que les atosigase la prensa, y lo cierto es que consiguió engañar incluso a algunos amigos de la chica, que se acercaban a preguntarle por el príncipe, sin saber que Harry era el joven melenudo que estaba con ella.
Ya me imagino las risas que se echarían con la broma, lo que no me imagino es la cara de susto que se le quedaría a Chelsy cuando descubrió a su ex de tal guisa, ni la cara que se le quedaría a la Reina Isabel cuando le dijeran que el tercero en la línea de sucesión al trono se paseaba por un exclusivo club nocturno de Vauxhall con una peluca larga morena. Porque ciertas cosas sacadas de contexto pueden hacer mucha pupa.
Vía | www.hola.com
Fotografía | www.hola.com
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