Ya anunciamos hace poco que el príncipe Guillermo de Inglaterra estaba yendo muy serio en su relación con su novia Kate Middleton, con la que ya está teniendo planes de boda.
Y como buen chico, sabe que tiene que ganarse la confianza y la aprobación de sus suegros, ya que por mucho que sea un principito, una hija siempre seguirá siendo una hija. Y la verdad es que sus suegros pocas quejas podrán tener de él, sobretodo después de que Guillermo les cediera sus asientos en primera clase en un avión con destino a los Alpes franceses.
En su lugar, él ocupó con su novia, sitios en turista. A pesar de que lógicamente estuviese presente su servicio de seguridad, los dos pasaron como dos pasajeros cualesquiera (teniendo en cuenta de que todos conocemos a William y que sabemos que por mucho que se diga que le tratan como a una persona normal, el principito siempre será hijo de papá y el heredero a la corona).
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Sin duda alguna, el número tres en la lista de sucesión al trono de Inglaterra es mi miembro de la realeza favorito. Pocos saben hacer gala de tal irreverencia en su conducta, y pocos habrá que hagan que la Reina Isabel se tire de los cuatro pelos llenos de laca que aún le quedan del mismo modo que su pelirrojo nietecito, el Príncipe Enrique, ahora más conocido como “Princess Harry”, que viene siendo lo mismo que Princesa Enriqueta.
El motivo no es que este redomado juerguista haya decidido cambiarse de sexo (noticia que espero ser la primera en contar con detalles el día que haya que contarla) pero casi casi. La última trastada, a parte de aprovechar la ausencia paterna para llevarse a casa a una chati compañera de juergas (la íntima amiga de su futura cuñada), ha sido algo aún más vergonzoso, teniendo en cuenta que estamos hablando de un futuro militar aparte de aristócrata: ha sido pillado a las 3:30 de la madrugada saliendo de uno de los garitos que suele frecuentar en el londinense barrio de Chelsea (hasta aquí todo más o menos normal o habitual) con las uñas pintadas de rosa.
Ni que decir hace falta, que los medios no han escatimado en comentarios al respecto, y que además de Princesa Enriqueta, le han llamado también el “Príncipe de las Uñas”. A este chico, después de vestirse de nazi y pintarse las uñas, cada vez le van quedando menos maneras de matar de un infarto a su real abuela, si es que es eso lo que se propone. Menos mal que dicen que el color del esmalte de uñas le hacía juego con las rayas de los calzoncillos que no se molestaba en ocultar. Menudo pedal que debía llevar el muchacho. Creo que no debería de morirse hasta que el gobierno encuentre un lugar seguro donde enterrar su hígado. De momento te dejo con algunas fotillas curiosas de momentos inolvidables del principito rebelde.
Momentos curiosos del Príncipe Enrique



Vía | www.diariodenavarra.es
Fotografía | www.radaronline.com